«Lo que me hace sentir en casa es poder ser anfitrión cada viernes», fue lo primero que nos comentó Pablo.
Creativo, dinámico y ecléctico.
Para Pablo, sentirse en casa era sinónimo de contar con un espacio polivalente donde poder reunirse con sus amigos. Como en cada proyecto, buscábamos transmitir el carácter del cliente mediante el diseño. Por ello, en esta vivienda en el centro de Madrid predominan las formas irregulares, los techos curvos y un claro elemento icónico.
El núcleo social en el centro, y todos los demás espacios articulados alrededor, todo ello conectado mediante un elemento insignia.
Un círculo conector.
El proyecto reconfigura la distribución para mover el salón-comedor al centro de la casa, estableciéndose como el núcleo social de la casa y articulando el resto de espacios alrededor. De esa manera, a la derecha quedan las dos suites principales y, a la izquierda, el Estudio: un espacio polivalente, conectado con el salón-comedor mediante un enorme círculo en la pared. Este elemento no sólo juega un papel de punto de anclaje visual, sino que también potencia la luz en el estudio.
Una decisión clave para ganar continuidad espacial y calidad arquitectónica: integrar las instalaciones en falsos techos curvos para crear un espacio abierto, funcional y sofisticado.
Más funcional, más sofisticado.
Para conseguir que el nuevo salón-comedor fuera un espacio diáfano con la cocina abierta, tuvimos que mover algunas instalaciones, que fueron integradas mediante falsos techos curvos, haciendo el espacio no sólo más funcional, sino también más sofisticado.